Un cigarro está formado por hojas de tabaco. Nada más y nada menos. Sin ningún otro tipo de aditivo en forma de compuestos , lo cual no quiere decir que carezca de ellos. Como el preciado y delicado cultivo que es, la hoja contiene numerosos matices proporcionados por las características del suelo donde es sembrado y recogido, así como en los posteriores procesos de secado, fermentación y añejamiento. Es ahí donde es liberado de químicos no deseados, como el amoniaco, a la vez que se acentúan los sabores y aromas adquiridos de forma natural.

Físicamente, podemos distinguir tres partes fundamentales en la composición de un puro: tripa, capote y capa. La primera hace referencia al interior, el contenido con el que se forma. Constituye el cuerpo de los cigarros, que en los de más calidad es elaborado con hojas enteras y a mano, dejando los fragmentos más pequeños para hacer puros de picadura o tripa corta. Los que se hacen con hojas completas se denominan ‘premium‘.

La segunda, el capote (también denominado ‘banda’ en Centro América), es la que envuelve la tripa. Por este motivo ha de ser resistente, al mismo tiempo que coherente en tipo (sabor y aroma) con el tabaco empleado para el interior.

Finalmente encontramos la capa, la parte más superficial del puro y de gran importancia, ya que se trata de la carta de presentación de cada unidad. De ella depende en gran parte la primera impresión que proporcionará al fumador, por lo que para ella se reservan las hojas de mayor calidad en base a su suavidad y color. Sin embargo, su función no es meramente estética, pues como todos los elementos del puro también contribuye a su sabor. La tarea de su colocación está reservada al torcedor, auténtico maestro artesano en la elaboración de un gran cigarro.

Chocolate, café, cuero, madera o canela son algunos de los olores y sabores que se pueden percibir al consumir un puro. Se trata de propiedades organolépticas adquiridas en el suelo donde ha crecido en función de su composición, aguas y otros factores, así como por las características de la semilla. La tierra y el clima juegan, por tanto, un papel fundamental en su composición final.

En total, el cigarro está compuesto por cinco hojas de tabaco: una de seco (el capote), dos de viso, una de ligero y la capa. El seco permite la combustión, el viso proporciona aroma y el ligero otorga fortaleza. Junto con la capa, todos aportan sabor al cigarro, aunque esta primera puede llegar a afectar en el sabor hasta en un 10%.

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